“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes,

para que ninguno tome tu corona.”

(Apocalipsis 3: 11)

Aun cuando todo te invite a aflojar, aun cuando te sobren las razones que gravitan en tu mente para abandonar. Por favor ¡No lo hagas! Esa nunca será una buena decisión. ¡Persiste! ¡Persevera! La perseverancia es evidencia de la autenticidad de la fe. Sin importar que todo a tu alrededor intente sacarte de la senda estrecha permanecerás firme, estable, con la cabeza en tu puesto en medio de la angustia o el desastre. Te lo escribiré más simple… Perseverar es «soportar» lo que llegue. Y requiere poner pie firme sobre el cimiento de la fe. Demanda un enfoque claro en la búsqueda de la esperanza, y paciencia sin paralelo.

Sobre esta perseverancia le dijo el Señor a la iglesia de Filadelfia: “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.” (Apocalipsis 3: 11) Debido a la inminente venida del Señor por su Iglesia, los creyentes deben [retener] lo que [tienen]. A los miembros de la iglesia de Filadelfia que habían sido fieles y leales a Cristo, Él les ordena que sigan siéndolo. Los que perseveran hasta el final probarán por ese medio la autenticidad de su salvación (Mateo 10:22; 24:13). Es cierto que los cristianos estamos eternamente seguros gracias al poder de Dios. Pero el medio por el que nuestro Dios nos asegura es al darnos una fe perseverante.

La promesa de Cristo al que fielmente persevera es que ninguno tome tu corona (Santiago 1:12). Apocalipsis 2:10 define esta corona como la “corona de la vida”. La corona o recompensa, para los que fielmente resistan hasta el final es vida eterna con todas las recompensas asociadas: “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.”   (2 Juan 8).

Te repito: No te rindas, persevera. Recuerda que Dios te ha dado todo lo necesario para lograrlo.

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