Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”

(2 Corintios 12: 7-9)

Recibir un no como respuesta no es agradable, especialmente cuando creemos que no lo merecemos. Sin embargo, hay momentos en los que la respuesta de Dios a nuestras peticiones es un no. El apóstol Pablo comparte su experiencia personal sobre el tema:

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”

(2 Corintios 12: 7-9)

En tres ocasiones Pablo recibió un no de parte de Dios a su petición, seguramente le fue difícil escucharlo, pero lo aceptó.

Cuando Dios nos sorprende con una respuesta negativa a nuestras plegarias nos puede incomodar si olvidamos en quien hemos creído; nuestro Dios es Omnisciente e inmensamente compasivo y su respuesta siempre será la mejor aun cuando no la entendamos.

Es una realidad que el no de Dios puede ser el mejor camino para el crecimiento y la madurez de un cristiano.

 

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