«Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia. Y tú fidelidad alcanza hasta las nubes» (Salmo 36: 5)

A lo largo de nuestro andar terrenal es posible que hayamos experimentado más de una vez la traición por parte de personas que considerábamos dignos de nuestra confianza. Es probable que hayamos sufrido en carne propia la infidelidad de parte de gente falsa e impredecible. Quizás hemos mirado a algunos que nos han fallado, engañado y mal entendido, y hasta odiado sin motivo. Pero quien ha conocido a Dios a través de Jesucristo, sabe que la auténtica fidelidad no es un mito. Podemos unirnos a las bellas palabras del salmista:

«Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia. Y tú fidelidad alcanza hasta las nubes» (Salmo 36: 5).

El apóstol Pablo nos recuerda:

«Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor» (1 Corintios 1: 9)

Sabemos por experiencia que nuestro Dios es absolutamente confiable, inmutable y fiel. Con el conocimiento de esta gloriosa verdad podemos disfrutar de una paz legítima en medio de cualquier circunstancia.

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