» ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti.»
(Jeremías 32: 17)
 
Cuando te encuentres ante un gran reto, no le des la espalda intentando ignorarlo.
 Tampoco compares tus fuerzas y capacidades con las de tu desafío. Está ante ti, llegó para quedarse, acéptalo, reconoce que es intimidante. Ese es el momento para recordar estas palabras:
» ¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti.» (Jeremías 32: 17)
 
Aquí se nos recuerda que no importa la magnitud de la lucha a la que nos enfrentamos, el poder del Señor siempre es mayor.
Una humilde oración como esta, nos ayudará a entregarle a Él la pelea:
«Señor: Aquí me encuentro ante este desafío, es inmenso, me atemoriza, no tengo ni idea de cómo enfrentarlo, pero tú sí. Reconozco tu grandioso poder y la perfecta fuerza de tu brazo, acepto que nada es difícil para ti, por eso Señor te entrego esta situación, pelea tu por mí». Te aseguro que una oración así cambiará inmediatamente tu manera de ver tus circunstancias.
 

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