«Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.»

(Salmo 46: 1)

 Somos criaturas frágiles, sufrimos, nos enfermamos y experimentamos la muerte. Vivimos rodeados de peligros, piensa en cualquier cosa que se te ocurra para realizar y podrás encontrar una fuente de peligro con el potencial de segarte la vida.

Agrega a esto, que enfrentas la amenaza del coronavirus sin Dios. De hecho, si has leído todos los protocolos de seguridad que hay que seguir para no contagiarte, ¡son casi imposibles de observar! No estoy defendiendo el asumir una actitud irresponsable y descuidada, solo intento enfatizar que es imposible tener bajo control a todos estos   detalles. Debemos hacer la parte que podemos y confiar en nuestro Dios totalmente para que nos cuide. De lo contrario, un “error” o un “accidente” nos pueden convertir en víctimas de “la mala suerte”. ¡Qué miserable y espantosa manera de vivir!

Dolorosamente eso lo escogen muchos, ignorando a Dios, no quieren estar bajo su gobierno, prefieren ser muñecos lanzados de un lugar a otro por la «suerte» o la «casualidad».

Sin embargo, nuestra verdadera situación no es esa. Dios es real, el no solo está, sino que gobierna llevando adelante su plan soberano que nada ni nadie puede estorbar. Dios nos tiene y debemos siempre recordar que el ejerce un control soberano sobre todas las cosas, nada escapa ni excede a su capacidad para manejarlo, esta es razón suficiente para no dejarnos vencer por el temor.

La vida es indudablemente complicada y sobre ella no tenemos un verdadero control. Me consuela saber que el Soberano, Omnisciente y Todopoderoso Dios controla cada evento y circunstancia de mi vida y los rige para mi bien (Romanos 8: 28).

El temor es esa sombría voz que nos recuerda nuestra condición humana. ¿Cómo entonces podemos salir adelante en un mundo como este y en semejantes condiciones? Mirando al cielo y descansando en fe en el gran auxilio divino: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.»(Salmo 46: 1) Dios está con nosotros siempre y de manera especial en esos momentos cuando nos sentimos débiles. Dios no solo viene en nuestra ayuda, sino que lo hace pronto.

David nos recuerda: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.» (Salmo 23: 4) Recuerda esto. No existe ningún valle, sin importar lo incomodo o doloroso que sea, que vayamos a enfrentar solos. Hazlo personal: ya sea hoy, o en el futuro, vivas lo que vivas, jamás estarás solo.

Rehúsa huir cuando el temor te embosque, confía.

 

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