“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.”
(Mateo 6: 1).

El Señor nos llama a evitar todo tipo de espectáculo religioso. Jesús utilizó muchas representaciones para describir la hipocresía. La comparó con levadura (Lucas 12:1), sepulcros blanqueados (Mateo 23:27), sepulcros que no se ven (Lucas 11:44), cizaña entre el trigo (Mateo 13:25), y lobos rapaces vestidos de ovejas (Mateo 7:15). No hagamos de nuestro servicio un teatro. No montemos un espectáculo para ser vistos, en el cual seamos ensalzados nosotros, en lugar de que sea Dios enaltecido.

A Dios le agrada la sencillez. El no se impresiona por las demostraciones externas, su poderosa mirada escudriña el corazón, el ve la motivación detrás de cada acto que realizamos.

Jesús advierte contra el poner a la justicia en exhibición, contra la presunción de la espiritualidad mostrada por los escribas y fariseos.

Nuestra motivación no debe ser jamás impresionar a otros con nuestra piedad. «¡Cuidado con la teatralidad religiosa!», nos dice el Señor. ¿Por qué? Porque eso no glorifica a Dios, nuestras extravagancias pueden ganar la atención de otros pero no de Dios. Más bien son un callejón directo a la hipocresía, a la pérdida de la recompensa y del poder divino.

Dios nunca puede ser engañado y jamás bendecirá la falsedad. Podrás recibir el aplauso de otros, pero eso será lo único que recibirás.

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