«¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!»
(Isaías 5: 20)

Cuando el hombre rechaza la luz de Dios caminará en la oscuridad de su propia naturaleza depravada: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!» (Isaías 5: 20)

“Si te gusta hazlo” este es el consejo que constantemente escuchamos de una sociedad que ha pervertido los valores divinos para seguir sus propios deseos pecaminosos. Al pecador perdido solo le preocupa estar satisfecho sensualmente sin importar el costo. “Quiero lo que quiero cuando lo quiero y como lo quiero” se dice así mismo, para él su prioridad es “ser feliz y sentirse realizado” cueste lo que cueste.

¡Esto es confusión de la peor clase! Es el resultado de rechazar a Dios para seguir su propio camino: » Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen» (Romanos 1: 28) Esta es una fiel descripción de la condición en que vive el mundo hoy, donde la gente admite y divulga la perversión como algo normal. Y el que no piense como ellos está errado.

Esto conduce inexorablemente a una sociedad sin reglas, ni limitaciones morales donde gobiernan el caos y la confusión. Millones de personas dicen que creen y adoran a Dios, pero no tienen ni idea de lo que quieren decir con eso, y menos aun lo que El ordena y espera.

Lo mejor para disipar cualquier niebla de confusión es seguir la preciosa luz divina que nos ilumina desde las páginas de la Biblia. Ella nos ofrece un camino seguro por el cual andar, un camino que es el que honra a Dios, sin importar lo que el hombre pueda decir.

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