«Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es el».
(Proverbios 23: 7a)

Somos lo que pensamos: «Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es el». (Proverbios 23: 7a) Nuestras acciones son resultado de los pensamientos que albergamos. Así que, toda transformación en la conducta comienza con la mente.

No podemos evitar que lleguen a nuestra mente malos pensamientos, pero si podemos impedir que se queden. Lutero lo expresó de la siguiente manera: «No podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero es muy distinto permitir que se construya un nido en nuestro cabello». El apóstol Pablo escribió: «derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. » (2 Corintios 10: 5) No debiéramos permitir que ningún pensamiento siga su curso libremente, debemos llevar a todos y cada uno de ellos cautivos a la obediencia a Cristo. Así todo pensamiento que no viene de Dios quedará al descubierto.

La guerra espiritual no es andar a la «caza de demonios», es una batalla de que se libra en la mente, a la cual Satanás intenta mantener cautiva con pensamientos mentirosos opuestos a las verdades de las Escrituras.

El apóstol Pablo también nos exhorta: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.»(Filipenses 4: 8).

¿Queremos vivir una vida diferente? Podemos hacer algo, podemos escoger nuestros pensamientos, rechazar los que no vienen de Dios y aquellos que son piadosos recibirlos y alimentamos al permanecer cerca de Dios y de su bendita Palabra.

Debemos sujetar nuestra mente a pensar en las realidades espirituales correctas.

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