“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
(Juan 14: 27)
No hay paz verdadera en el mundo, El solo ofrece una efímera y momentánea tranquilidad por medio de una hueste de placebos como el materialismo, las drogas, el libertinaje sexual o las falsas religiones entre otros más. En Isaías 57: 21 dijo el profeta: “No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” La paz del mundo es solo una ilusión, basada en las circunstancias positivas temporales o el escapismo ignorante.
La verdadera paz se puede experimentar únicamente al conocer a Cristo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan 14: 27) Estas son palabras de Jesús donde nos promete el precioso regalo de su paz. Esa paz no depende de las circunstancias que nos rodean, ella está por encima de esas cosas, es el resultado de una correcta relación con Dios a través de Cristo.
El dijo: “La paz os dejo” Ya no somos enemigos de Dios, ahora somos parte de su familia, somos sus hijos, hemos sido reconciliados con el por medio de la fe en su Hijo Jesús; porque Dios ha escogido “reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.’(Colosenses 1: 20)
Las buenas nuevas del evangelio son que la guerra entre Dios y el pecador puede concluir, pues el pacto que acabo dicha guerra se compró con la sangre del Señor Jesucristo. La paz divina en nosotros se fortalece al considerar que Dios nos ha perdonado en el pasado, nos provee en el presente y garantiza nuestro futuro.
Aparte de Cristo, la paz es solo un sueño distante, El es el Único que puede proveer la calma interna en la cual la paz florece. Esta es la verdadera paz que la humanidad necesita desesperadamente.

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