(1 Corintios 15: 51- 55, 57)
La vida cristiana es una vida de esperanza. Tenemos al Dios que nos da vida ahora y por la eternidad. La esperanza del cristiano esta expresada por el epitafio que Benjamín Franklin escribió para sí mismo y que aparece grabado en la lapida de su tumba en una templo en Filadelfia: “El cuerpo de Franklin, impresor, como la tapa de un viejo libro, su contenido arrancado y despojado de sus letras y dorado, yace aquí como alimento para los gusanos. Pero la obra no quedara perdida, porque aparecerá una vez más una edición nueva y más elegante, revisada y corregida por el Autor”
Estas palabras expresan la gran esperanza que tenemos todos los hijos de Dios. El apóstol Pablo proclamo la maravillosa victoria que recibiremos al ser resucitados aquellos que somos de Cristo: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”(1 Corintios 15: 51- 55) El apóstol revela que los cristianos que vivan cuando el Señor regrese no tendrán que morir a fin de que sus cuerpos sean transformados. A medida que los creyentes son resucitados o arrebatados serán transformados. Estemos muertos o seamos arrebatados en vida, nuestros cuerpos serán cambiados de corruptibles a incorruptibles, de mortales a inmortales. Entonces vendrá el gran triunfo que anuncio el profeta Isaías:”Destruirá (Dios) a la muerte para siempre” (Isaías 28: 5ª) Piénsalo, al venir la gran transformación, vendrá la gran victoria.
Y esa gran victoria solo es posible por medio del Señor Jesucristo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Corintios 15: 57) ¡Cuánto para vivir permanente agradecidos! Dios nos promete un cuerpo espiritual, poderoso, glorioso e incorruptible a cambio de uno que es débil, deshonroso y corruptible. Nos promete lo que es celestial a cambio de lo terrenal, lo inmortal a cambio de lo mortal. Por eso tenemos esperanza, porque sus promesas son ciertas y porque El ya nos ha dado la victoria sobre el pecado y la muerte.

 

 

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