“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” (Romanos 1:18)

Una nación que está en espiral descendente en el orden moral y espiritual atrayendo sobre ella la ira de Dios, comienza con el repudio premeditado de la verdad divina: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18) Aquí se nos dice que quienes están bajo la ira de Dios “detienen con injusticia la verdad”. Ese es siempre el principio del fin. Cuando esta nación eliminó la Biblia de su lugar de autoridad suprema para reemplazarla con filosofías y sabidurías mundanas, su caída se volvió inevitable. No podemos olvidar que los incrédulos odian la Palabra de Dios. En nombre del “progreso” y “la igualdad de derechos”, como también de una nueva y retorcida definición de “tolerancia”, los escépticos y los críticos que saturan este país han negado consistentemente la veracidad, la inspiración, la suficiencia, la claridad y la autoridad de la Biblia. Y suprimir la verdad nos ha sumergido en una densa niebla de confusión y caos moral. El retener la verdad divina siempre acelera la decadencia y el deterioro de una nación.

Al detener la verdad, los arquitectos del colapso cultural y social rechazan todo lo que Dios ha revelado acerca de sí mismo. Esa revelación incluye lo que Él ha dado a conocer acerca de sí mismo a través de su creación. Como explican los siguientes versículos: “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” (Romanos 1:19-20) Todos los seres humanos tienen testimonio de la obra de Dios cuando miran el mundo a su alrededor. No pueden negar la existencia, la belleza, la estructura y el orden de las leyes y procesos naturales. Cuando vemos la creación, queda claro que hay un Creador, Sustentador y Diseñador de los cielos y de la tierra (Genesis 1:1). Además, todos somos testigos de la realidad de las leyes morales básicas en nuestra conciencia (Romanos 2:15). Se pueden entender los conceptos fundamentales del bien y el mal, amor e indignación, moralidad e injusticia. Estos testifican acerca del Dador de la ley y Juez divino, el Santo que pide cuentas de hombres y mujeres de su manera de vivir.

Cuando los seres humanos detienen la verdad, rechazan lo que está claramente revelado a través de la creación y la conciencia. En lugar de usar su razón para honrar a Dios, la usan para racionalizar su pecado y justificar sus acciones malvadas. Al cerrar de forma deliberada sus ojos a la verdad que es evidente por doquier, quedan sin excusa. La verdad absoluta de Dios es la única esperanza para nuestra sociedad que se hunde. Y nuestra tarea como seguidores de Cristo es proclamar esa verdad a quienes nos rodean (Mateo 28:18-20), brillando como luminares en las tinieblas (Mateo 5:14-16).

No sé cuál es el plan de Dios para esta nación. Pero en lugar de alejarse de Dios, toda persona necesita acercarse a Él. Cada ser humano debe reconocer que está perdido. Que vive andando sin rumbo sumergido en la confusión, donde a lo malo dicen bueno y a lo bueno malo. ¡Nos estamos autodestruyendo! Separados de Dios no tenemos la más mínima posibilidad de solucionar este caos en que vivimos. Estados Unidos de América necesita urgentemente arrepentirse y volverse a Dios. Nuestra única esperanza es Jesucristo. Eso es lo que Dios busca. Solo entonces apartará su ira.

 

 

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