“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17: 30- 31)

William Golding público en 1954 su novela “El señor de las moscas” donde relata la historia de unos escolares británicos que naufragan quedando aislados en una pequeña isla. Todo comienza bien, ellos crean una sociedad que suministraba comida, refugio y seguridad para todos, llegando hasta encender una señal permanente de fuego para llamar la atención de los barcos que pasaban.  No transcurre mucho tiempo cuando la mayoría de los muchachos abandonan su sociedad por lo salvaje, llegando al punto de matar a algunos de los chicos más débiles para salirse con la suya. Un factor clave hacia esta división entre los salvajes y los civilizados fue la esperanza del rescate. Los que esperaban ser encontrados y que se les exigiera cuentas por sus acciones, se comportaban bien. Los que abandonaron esa esperanza no veían razón alguna para mantener su naturaleza bajo control, dando plena expresión a su depravación.

Si no hay Dios, entonces no importa como vivamos, al final no tendremos que dar cuenta de nuestras acciones. Podemos vivir como nos parezca que no habrá consecuencias más allá de la muerte.

Si no hay Dios, tampoco nos preocupemos por la Biblia que sería un libro como otros, sus mandamientos no serían más que sugerencias a la par de cualquier otro libro de moral.

Sin Dios y sin su Verdad revelada (la Biblia), somos nosotros nuestro propio dios y nuestro guía son nuestros sentimientos.

Ahora la verdad es, lo aceptes o no, que hay un Dios real, que se ha dado a conocer y ante el cual cada ser humano tendrá que rendir cuenta de sus acciones. El apóstol Pablo advirtió a los atenienses paganos: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hechos 17: 30- 31). ¿Leíste bien? Hay Dios y habrá un juicio. Esta realidad debería llevar a toda persona racional a arrepentirse y volverse a Dios por perdón.

No tienes otra vía de escape. No hay salvación aparte de Jesucristo, “porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4: 12).

Ahora no tienes excusa, esta es la verdad y serás juzgado por lo que haces con ella.

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