Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.”(Salmo 2:2–4)

A lo largo de la historia los insignificantes reinos e imperios construidos por los rebeldes, orgullosos y arrogantes enemigos de Dios, han llegado y se han ido. Inquebrantablemente optimistas a pesar de los siglos de guerras, masacres, injusticia y crueldad, las personas aun buscan una utopía al ser conducidos por el creciente progreso científico de la humanidad. Habiendo tomado control (como ellos piensan) de su propio destino mediante la ciencia, Dios no tiene utilidad alguna para los pecadores, y arrogantemente lo remplazan por dioses de manufactura humana, según su propia imaginación.

Pero a Dios no se le puede remplazar tan fácilmente, ni tampoco se pueden entorpecer sus planes por los caprichos de los pecadores (Isaías 43:13; 46:10). En el Salmo 2:2–4 el salmista registra la reacción de Dios contra la impotente furia del hombre contra Él: Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos.”

Dios ríe al ver las absurdas pretensiones humanas. Comparada con la gloriosa e indescriptible majestad del Dios omnipotente, toda la jactancia de los imperios de los hombres son una simple “gota de agua que cae” (Isaías 40:15). A vista de Dios no son sino “menudo polvo en las balanzas” (Isaías 40:15), tan insignificantes que: “como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es” (Isaías 40:17). La inevitable realidad es que Dios, no el hombre, tendrá la última palabra en la historia humana, y esa palabra será una palabra de juicio.

La Biblia advierte del juicio venidero sobre los pecadores que rechazan a Dios y blasfeman su nombre. Job declaró que “el malo es preservado en el día de la destrucción” y que “Guardado será en el día de la ira” (Job 21:30). David observó que “el Señor… ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud” (Salmo 9:7–8). El Salmo 96:13 advierte que Dios “vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad”. El apóstol Pablo declaró a los filósofos griegos reunidos en la colina de Marte, en Atenas, que Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31).  

Jesucristo vino la primera vez como Salvador; Él volverá como Juez.  No habrá poder, ni reino humano que te pueda ayudar a escapar de la ineludible cita con tu Creador. Y si aún no tienes una relación con El, te escribiré lo siguiente. No me importa cuán intolerante, cuán excluyente, ni cuán lleno de fanatismo te pueda parecer. Si no recibes a Jesucristo como tu Salvador, lo tendrás que enfrentar como Juez.

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