“¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?

¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?”

(Salmo 74: 10)

“¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?”, se preguntaba Asaf, “¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?” (Salmo 74:11). En otro Salmo Asaf suplicaba: “Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto. Porque he aquí que rugen tus enemigos, y los que te aborrecen alzan cabeza” (Salmo 83:1–2). En el Salmo 94:3–4 un salmista anónimo se quejaba ante Dios: “¿Hasta cuándo los impíos, hasta cuándo, oh Jehová, se gozarán los impíos? ¿Hasta cuándo pronunciarán, hablarán cosas duras, y se vanagloriarán todos los que hacen iniquidad?”

“Muy limpio eres de ojos para ver el mal”, afirmó Habacuc, “ni puedes ver el agravio; ¿por qué”, prosiguió preguntando el confuso profeta, “ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él?” (Habacuc 1:13). Los mártires de la tribulación en el cielo clamaban a Dios: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:10). Todo el dolor, la tristeza, el sufrimiento y la maldad en el mundo hacen que los piadosos anhelen la intervención de Dios.

Viene un día en el que Él romperá su silencio, un día cuando todos los propósitos de Dios con relación a los hombres y al mundo se consumarán. En aquel tiempo, el Señor Jesucristo volverá y establecerá su reino terrenal. Él gobernará con justicia, “con vara de hierro” (Salmo 2:9), y “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Todos los ateos, agnósticos y burladores que se mofaban de la enseñanza de la venida de Cristo (2 Pedro 3:3–4) quedarán silenciados. El dominio del pecado, las mentiras, los asesinatos, los robos, las guerras y la persecución y el martirio del pueblo de Dios terminarán. Satanás y sus demonios serán atados y lanzados al abismo por mil años (Apocalipsis 20:1–3), imposibilitados de seguir tentando, atormentando o acusando a los creyentes. El desierto se convertirá en huerto florecido (Isaías 35:1; 51:3; Ezequiel 36:34–35), las personas vivirán largamente (Isaías 65:20), y habrá paz entre los que anteriormente eran enemigos a todos los niveles de la sociedad, incluso en el reino animal (Isaías 11:6–8).

Los estragos del pecado, corazones destrozados, relaciones quebrantadas, matrimonios deshechos, familias destruidas, sueños rotos, personas abatidas, se sanarán. El pesar, la tristeza, el lamento y el dolor se desvanecerán como la niebla de la mañana ante el sol del mediodía (Apocalipsis 7:17; 21:4).

Creemos que SOLO EN CRISTO, el futuro traerá cosas mejores que las presentes. Pablo tenía esta certeza: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” (Romanos 8:18). ¿Tienes tu esa seguridad? El Señor y Salvador Jesucristo puede hacer eso posible en tu vida. Cree en El.

 

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