“Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.”

(Eclesiastés 7: 10)

Hay preguntas sabias y preguntas necias. He aquí una pregunta sin sabiduría: “Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.” (Eclesiastés 7: 10)  

No hay futuro en el pasado. El pasado es solo eso, pasado.  

Muchas veces la depresión es resultado de vivir atrapado en el pasado. Una persona que constantemente está mirando atrás y suspirando se estanca, detiene su marcha hacia el futuro. Cuanto más mire hacia atrás, menos avanza.

Cuando estamos continuamente recordando aquellos “mejores tiempos pasados” y deseando que vuelvan, vivimos en un mundo irreal. El pueblo hebreo asumió esta misma actitud en el desierto: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.” (Números 11: 5-6) Dirigieron su vista a lo que habían dejado atrás. Increíblemente se les había olvidado la amarga esclavitud que sufrieron, convirtiendo su pasado en una experiencia ilusoria. Se volvieron tan ingratos que ya no eran capaces de apreciar al sustento divino con el pan del cielo.  

Cuando usted, como hijo de Dios, se queja y murmura, eso sucede generalmente porque está volviendo la mirada a aquellos días fáciles en el pasado. 

Seamos sinceros, no hay tal cosa como una pasado totalmente fabuloso. En todo tiempo vivimos experiencias agradables y también desagradables, experimentamos tiempos buenos y tiempos malos. Lo que sucede es cuando decidimos arrastrar el pasado, asumimos una actitud inmadura recordando solo las gratas experiencias.

Edna Ferber escribió: “Vivir en el pasado es un asunto solitario y aburrido, mirar hacia atrás pone tensión en los músculos del cuello, causando que choque con personas que no caminan en su dirección”.

Así que, dejemos de hacernos esa necia pregunta, vivamos el presente en compañía del Señor y creyendo en su Palabra enfrentemos el futuro.

 

 

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