“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David,

un Salvador, que es CRISTO el Señor.”

(Lucas 2: 11)

De perdidos a salvos. Por la maravillosa gracia de Dios ha cambiado para siempre nuestra condición. La navidad es una preciosa época que nos recuerda que tenemos un Salvador: “que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.” (Lucas 2: 11)

La descripción de Jesús como Salvador es adecuada, ya que la razón por la que nació fue para salvar “a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21; Lucas 19:10). Esa obvia verdad a menudo es oscurecida en muchas presentaciones contemporá­neas del evangelio. Con mucha frecuencia a Jesús se le presenta como Aquel que rescatará a las personas de la insatisfacción en sus matrimonios, familias o trabajos; de un debilitante hábito que no pueden vencer por su cuenta; o de una sensación de falta de propósito en la vida. Aunque el alivio en esos aspectos puede ser un subproducto de la salvación, no es su intención principal. El verda­dero problema de la humanidad, del cual tales aspectos son solo síntomas, es el pecado. El verdadero mensaje del evange­lio es que Jesucristo vino al mundo para rescatar a las personas del pecado y la culpa, no de sentimientos artificiales y psicológicos de culpa, sino de verdadera culpa impuesta por Dios que condena al infierno.

Cristo no solo es el Salvador, Él es mi Salvador. Dios tomó la iniciativa de salvarnos, aunque no lo podamos entender totalmente. Él nos amó tanto que se hizo hombre. Jesucristo el Hijo, el eterno y omnipotente Dios que dejó voluntariamente la eternidad para introducirse en el tiempo y el espacio convirtiéndose en hombre. Llegó a este mundo como una desvalida criatura humana. Experimentó así nuestros dolores, sufrimientos y luchas. Cargó con nuestro pecado e hizo posible nuestro perdón.

No lo puedo entender y menos aún explicar cabalmente, pero lo puedo aceptar por fe. Alguien ha dicho que la gracia de Dios no es para entenderla sino para recibirla.

Jesús es la solución de Dios al gran problema humano llamado pecado. Jesús fue la solución a mi vida vacía y triste de adolescente. Él también puede y quiere ser la solución para tu existencia sin esperanza. ¿Conoces al Salvador? ¿Puedes decir que Él es tu Salvador? Si no es así, arrepiéntete de tus pecados y cree en el cómo tu Señor y Salvador ahora mismo.

 

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