“Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.”
(Lucas 12: 27- 29)
La ansiedad en un cristiano es un problema de fe. Dios cuida de las necesidades de sus hijos, el lo ha prometido y es fiel en cumplirlo. No obstante muchos cristianos se preocupan innecesariamente porque no han creído en el amor y el cuidado compasivo de Dios. Reflexionemos en estas maravillosas palabras de Jesús: “Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.” (Lucas 12: 27- 29)  Si Dios cuida de las plantas que “no trabajan, ni hilan” para confeccionar su ropa, sino que crecen libremente y sin esfuerzo dentro del orden de la vida de la tierra. Y su belleza no la supera ninguna prenda hecha por el hombre. Ni aun Salomón, el hombre más lujosamente vestido en la historia de Israel, se vistió como uno de esos lirios efímeros.
Apenas unos versículos antes el mismo Señor había dicho: “Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?” (Lucas 12: 24) Las aves, los lirios; la comida y el vestido. De esta manera Jesús ilustró el especial cuidado que Dios tiene por nosotros: “Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?” (v.28).
“Hombres de poca fe”, en realidad la ansiedad y la preocupación es un problema de falta de fe. La poca fe se manifiesta en la falta de confianza en el conocimiento que Dios tiene de las necesidades de sus hijos, de su sabiduría para saber cómo suplirlas y de su deseo o poder para hacerlo. Tan débil punto de vista acerca del Creador y Proveedor deshonra a Dios, produce ansiedad y restringe el flujo de las bendiciones divinas: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.” (Santiago 1: 6-7)
Necesitamos vivir diariamente por fe, lo cual significa creer en lo que Dios nos dice a pesar de que las cir¬cunstancias parezcan insuperables. No somos más que frágiles seres humanos, necesitamos a Dios para vivir cada día. El futuro nos resulta aterrador. Por tanto, necesitamos aferrarnos de la mano del Señor y confiar en que El cuidará de nosotros, suplirá nuestras necesidades y calmará nuestros temores.